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Prohibir o regular los celulares en México

El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, anunció el 17 de agosto que haría una consulta a los docentes sobre el uso de los celulares con la intención de recoger su opinión, considerada fundamental para una posible regulación a nivel nacional.



El debate en curso
El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, anunció el 17 de agosto que haría una consulta a los docentes sobre el uso de los celulares con la intención de recoger su opinión, considerada fundamental para una posible regulación a nivel nacional. Según la Unesco , en junio del 2023 sólo el 24% de los sistemas educativos en el mundo tenían alguna política de restricción o prohibición del celular; para 2024 ya era 40 %, mientras que para el 2026, subió a 58 %. La pregunta es: ¿cuál es la razón?
Para tomar una postura, debemos considerar no únicamente la opinión basada en la experiencia, sino las aportaciones científicas ya existentes al respecto.
El cerebro y las pantallas
En el cerebro humano se encuentran todas las capacidades que nos constituyen: memoria, atención, inteligencia, movimiento, lenguaje, emociones, el funcionamiento ejecutivo como capacidad para planear, ejecutar y terminar la acción, entre otras. Todas ellas se integran en la corteza cerebral y en otras estructuras: hipocampo, amígdala, ganglios basales, tálamo y cerebelo.

La corteza está formada por millones de neuronas que se comunican entre sí mediante dos mecanismos complementarios: el eléctrico, con un flujo de iones de sodio y potasio a través de la membrana que genera el impulso nervioso dentro de cada una, y el químico, que propaga la liberación de más de cien neurotransmisores en la sinapsis. Esta actividad no ocurre en el vacío; es la experiencia con los estímulos ambientales, sociales y culturales —hoy también tecnológicos— la que modula qué circuitos se van activando a lo largo del desarrollo y cuáles se consolidan.
En el contexto de las pantallas, conviene detenerse en tres sistemas de neurotransmisión :
Estos sistemas se influyen mutuamente, aunque cada uno se autorregula, pero funcionan como ciclos de recompensa o de inhibición en nuestro comportamiento, ya que nos llevan a hacer lo que nos motiva oa evitar lo que nos estresa.
Cuando los niños, niñas y adolescentes usan las pantallas —ya sea la televisión, la tableta, la computadora, el celular o los videojuegos— ocurren cambios fisiológicos reales en sus cerebros. Así, los contenidos digitales con refuerzo frecuente e impredecible activan los circuitos dopaminérgicos (queremos hacerlo más) y elevan los noradrenérgicos (aumenta el estrés), lo que altera el desplazamiento de actividades esenciales para el desarrollo: sueño, juego libre, interacción cara a cara, leer y mantener la atención. Pero, además, su uso nocturno interfiere con el sueño por la activación que provoca.

El problema no son sólo las pantallas, es la IA que actúa detrás
Si partimos del hecho de que la IA recopila los datos que se producen en toda la web por parte de las y los usuarios y que estos son el sustento que le sirve como materia básica para funcionar y aprender, podremos entender que cuando esta se aplica en las diversas plataformas como Facebook, TikTok, X, Instagram, Netflix, YouTube, entre otras, lo hace con una consigna (con sus algoritmos): lograr que la gente permanezca más tiempo utilizando sus aplicaciones. Para hacerlo, la IA crea un perfil personalizado de cada usuario a partir de sus gustos y motivaciones.
Esto le va a permitir ofrecernos comentarios agradables o coincidentes con nuestros intereses, así como personas que piensan como nosotros, películas y juegos interesantes, artículos periodísticos, memes, chistes o cualquier otro contenido compatible con nuestro perfil, pero sobre todo que sea inesperado. Así, la IA aplicada a estas plataformas mantiene a las personas en lo que ya se llama: “el scroll infinito”; pasamos horas atrapados en un sinfín de publicaciones que alteran nuestro bucle de recompensa e inhibición porque, frente a un continuo de “sorpresivos que se presentan, pero que nos gustan”, dejamos de controlar el uso del celular; surge un comportamiento adictivo.
Más aún, con la aparición de los modelos como ChatGPT, Gemini, Claude, entre otros, los niños, niñas, adolescentes y jóvenes pueden pedir que les hagan la tarea sin involucrarse realmente en su lectura o comprensión. Esto puede convertirse en un proceso de aprendizaje sustitutivo porque quienes aprenden son los modelos, no los estudiantes. Si bien es cierto que la IA puede mejorar el aprendizaje cuando funciona como tutor, corrige el trabajo, sugiere ideas, hace aportaciones o nos reta a mejorar, también lo es que todavía la mayoría de la población no sabe cómo usarla.
Víctor Solís
Los impactos de las pantallas por edades.
Cuando los menores de dos años acceden a las pantallas por largo tiempo, las investigaciones han encontrado que un mayor tiempo de exposición se asocia con un menor desarrollo del lenguaje , de la alfabetización emergente, el vocabulario expresivo y el procesamiento fonológico. Además, se retrasa el desarrollo cognitivo , incluido el funcionamiento ejecutivo en los infantes de 1 a 3 años, de manera que no estarán listos para ingresar a la escuela cuando les toque hacerlo. En el caso mexicano, una investigación similar con infantes de 12 y 36 meses evidenció que tienen una menor densidad léxica, un retraso en el desarrollo motor y en la adquisición del lenguaje y que, cuando un adulto los acompaña, mejoran significativamente sus resultados en estas áreas.
Peor aún, un estudio meta-analítico de 24 investigaciones sobre la primera infancia encontró que 17 de ellas mencionaban que, a mayor tiempo en pantalla, menor desarrollo motor grueso y fino, aunque la asociación varía según el contenido y contexto. Otra investigación con estudiantes de 5 a 19 años constató que un mayor tiempo de uso de pantallas afecta la atención, la memoria de trabajo, el funcionamiento ejecutivo, el tiempo y la calidad del sueño; y además, que la participación en redes sociales impacta la capacidad para concentrarse en una sola tarea, lo que repercute en la atención profunda y en su aprendizaje.

Por si fuera poco, se ha registrado que su uso incrementa sustancialmente el riesgo de obesidad , dada la falta de movimiento y de juego en la infancia, la adolescencia y la juventud. En una investigación que utilizó la resonancia magnética, se encontró que la participación en las redes sociales poniendo “ me gusta ” a imágenes populares (fumando o tomando alcohol) produce dopamina al mismo tiempo que una menor activación de las áreas de control cognitivo ante la aprobación social. Es decir, se deja de regular el propio comportamiento frente a la presión de los pares, lo que destaca los mecanismos de influencia posibles por las aplicaciones en la adolescencia.
No obstante, todo esto no se queda ahí; un estudio meta-analítico sobre el empleo del celular por parte de los padres y madres durante la interacción con sus hijos e hijas demostró una menor sensibilidad y respuesta verbal o no verbal a las señales que estos últimos emiten. En otra investigación se encontró que se presentan más conductas de búsqueda de atención, mayor riesgo de lesiones por menor vigilancia en las infancias y más conflictos familiares. A esto se le llama “tecnotransferencia” parental, ya que el celular interfiere en esta relación.
¿Se debe prohibir el celular en la escuela?
Para responder a la pregunta, y además de tomar en cuenta todo lo anterior, analizamos otras investigaciones al respecto. Un estudio realizado a cabo en el 2017, llamado “Fuga de cerebros”, advirtió que la sola presencia del celular, aunque esté apagado o boca abajo, reduce la capacidad cognitiva para la tarea que se realiza, baja la atención y la concentración; también produce FOMO (Fear of Missing Out) [miedo a quedarse fuera], es decir, ansiedad cuando no se le tiene cerca.
Por otra parte, un estudio preliminar en Noruega en el 2024 encontró que el ciberacoso se reduce en las niñas y adolescentes en un 46 % y en un 43 % en los niños, cuando el celular no ingresa a las aulas y que su prohibición mejora la salud mental. En la evaluación de PISA 2022 , se registró que el 65% de los estudiantes se refieren que sí los distrae en algunas clases de matemáticas; pero quienes se distraen en todas las clases obtuvieron 15 puntos menos en la prueba de matemáticas, lo que equivale a tres cuartos de un año escolar de aprendizaje perdido. Además de que el 45% reportó sentir ansiedad o FOMO si no lo tiene cerca.
Según la Asociación Pediátrica Americana (APA), la restricción de celulares en la escuela es algo que todavía no está bien estudiado; señala que los hallazgos son contradictorios y mezclados, y que pocos encuentran mejoras en el aprendizaje; aunque la mayoría sí observa una disminución en el ciberacoso. Otros no identifican correlaciones entre la prohibición y el logro académico, por lo que recomienda promover consensos en las comunidades y establece además lineamientos sobre cuándo se vetan o restringen las pantallas. Estos han ido variando a lo largo del tiempo, desde la estricta prohibición a los menores de dos años a un enfoque más concentrado en todo su ecosistema mediático y contexto que los rodea. Sin embargo, señalan límites: recomiendan que se pueden ver de menos de una hora en los infantes menores de 6 años, de una a dos horas en los y las niñas de la primaria y adolescentes, siempre con acompañamiento y control parental, horarios, actividades culturales y deportivas fuera de las pantallas con hábitos alimenticios saludables y buen sueño.
Es importante señalar que, en México, según los datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de TIC en los Hogares , el 81.4 % de las personas mayores de 6 años tiene acceso a internet, con un promedio de uso en adolescentes de 12 a 17 años de 4.7 horas al día.
¿Qué postura tomar?
Los impactos de las pantallas no se encuentran únicamente en el comportamiento adictivo, sino en el desarrollo cognitivo-lingüístico, sociocultural, emocional y motriz de las personas, porque sí se modifica el cerebro y sus conexiones. Por ello, toda regulación, nacional, escolar o incluso familiar, debería estar vinculada a la edad, las características de los NNA, su acceso a las pantallas y la “tecnotransferencia” en que viven.
Esto implicaría una normatividad específica en cada escuela que, desde sus colectivos, se fundamente en la recopilación de toda la información posible, tanto de su localidad sobre cómo se usan las pantallas en su medio, como son sus impactos, relacionándolos con los hallazgos científicos existentes y aun generando los propios; porque no es lo mismo una zona rural con baja exposición a las pantallas que una colonia de la zona metropolitana de Ciudad de México. Esto quiere decir que, en algunos casos, será necesario prohibir su uso en la escuela; en otros, sólo regularlos; la decisión debería ser contextualizada.
En este sentido, resulta indispensable tomar acuerdos entre la escuela y los padres, madres y tutores mediante un proceso de concientización que los lleve a tomar decisiones basadas en la evidencia y no en su comodidad, porque de otra manera no es posible actuar de una manera coherente entre ambos espacios.
Todo apunta a retomar una fórmula viable que consiste en poner límites claros, regular el tiempo de exposición de acuerdo con la edad, establecer horarios en torno a finos educativos con acompañamiento cercano por parte de los adultos y, sobre todo, dar el ejemplo a las nuevas generaciones: primero las personas y luego nuestros celulares.
Autor:Nexos Fuente:https://educacion.nexos.com.mx/prohibir-o-regular-los-celulares-en-mexico/